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Domingo, 15 de julio TO/B

Textos: Amos 7,12-15; Ef 1, 3-14; Mc 6, 7-13

Enviado por Jesús, con una misión.

Podemos decir que el relato de hoy es el Evangelio de la Misión.

  1. Llamada. Todo comienza con una llamada a los doce discípulos. Cada uno de ellos se ha sentido llamado por su nombre, y ha entablado una relación estrecha  con la persona de Jesús, siguiéndolo por los polvorientos caminos de Galilea, escuchando sus palabras, viendo el modo peculiar cómo se relaciona con la gente: curando, liberando. Los discípulos se sienten escogidos para seguir los pasos de Jesús. Se siente escogidos en grupo. Son  convocados los doce.
  2. Los doce son enviados de Jesús, en grupos de a dos, para darse apoyo, para ser testigos creíbles. No llevan mensaje propio, sino el recibido de Jesús. El es la fuente, el modelo y el inspirador. Su persona, su estilo de vida, sus palabras y  sus acciones, son la base y el contenido de la Buena Noticia que van a propagar los discípulos. Los discípulos se han preparado para esta misión conviviendo y teniendo un proceso de identificación con la persona de Jesús. No van a trasmitir sino lo que han vivido. Los enviados cobran su importancia y se revisten de la dignidad de aquél que los envía.
  3.  Van a evangelizar con poder que les confiere Jesús. No es un poder para hacer cualquier cosa, sino en orden a la misión. Es decir, no es un poder para controlar o dominar a los demás, sino poder sobre los “espíritus inmundos”, para liberar a las gentes de aquello que los esclaviza, que los deshumaniza. Poder para hacer el bien y erradicar el mal. Y lo que hicieron fue: …predicar el arrepentimiento, expulsar a los demonios, ungir con aceite a los enfermos, curarlos.
  4. Los manda con una “extraña” logística: no llevar nada para el camino, ni pan, ni mochila, ni dinero, sino únicamente un bastón, sandalias y una sola túnica. Van despojados de aquello que, en sana lógica, se considera necesario para realizar una tarea que pueda ser eficaz. La misión no se basa en las cosas que tenemos  que nos dan seguridad, sino en la confianza que pongamos en el que nos ha enviado. Los discípulos van libres y sin ataduras, verdaderamente “ligeros de equipaje”. Con bastón y sandalias propios del caminante, para recorrer el mundo.

En este Evangelio hay unas cuantas lecciones para nosotros,  los cristianos.

  1. 1.     Nosotros, también, hemos sido llamados personalmente para seguir a Jesús. En esto cosiste nuestro ser  religioso, en el seguimiento a una persona concreta. De ahí que sea fundamental la vuelta permanente e intensa  a los Evangelios, al Nuevo Testamento, donde encontramos a la persona de Jesús, a sus pasos y a la fe de todos aquellos que estuvieron pegados a él.
  2. 2.     Los cristianos, también, somos enviados por Jesús a dar testimonio de nuestra experiencia de encuentro. Somos enviados como Iglesia, en comunidad humana y de fe. No llevamos mensaje propio, sino el mensaje de Reino de Dios que predicó Jesús. No pocas veces nos enredamos ante la dificultad de entender doctrinas teológicas que se nos escapan. La Teología está bien y cumple su función. Pero a lo que estamos llamados todos los seguidores de Jesús es a dar testimonio de nuestra fe, con nuestra vida, sin demasiadas palabras. Que puedan decir de nosotros “¿Qué tiene esta persona que es así y que vive de esta manera?”.  Nuestra fe será atractiva si nuestra  vida lo es también.
  3. 3.     Los cristianos estamos llamados a combatir los demonios que nos deshumanizan y nos destruyen como personas. Los demonios de nuestro mundo tienen por nombre: la injusticia, la desigualdad, el hambre, la corrupción, la mentira, la falta de compasión, y otras  similares; es decir, todo aquello que empobrece la vida  humana. La tarea  es ardua y llena de dificultades. Contamos con la fuerza de la promesa de poder que nos da Jesús para realizar esta misión.
  4. 4.     La evangelización se realiza “ligeros de equipaje”. Al menos tenemos que tener bastón y sandalias, pero demasiadas veces nos vemos paralizados por no tener los recursos que creemos que debemos tener para nuestra misión. Este  es un punto muy importante y requiere un continuo discernimiento para no perder el norte de nuestra  misión, como cristianos y como Iglesia. ¿Qué significa hoy evangelizar “ligeros de equipaje”? ¿Cómo usar de  medios económicos importantes, de estructuras físicas complejas, de facilidades tecnológicas sin que los medios se transformen en fines y nos hagan perder el rumbo? Para mantener una sana libertad ante los medios que nos rodean en nuestra vida, Ignacio de Loyola   propone una regla de oro, la del “tanto cuanto”. Usemos de esos medios “tanto cuanto” nos ayuden a ser más eficaces en la misión y dejémoslos de usar “tanto cuanto” nos obstaculizan. Para usar esta regla de oro se requiere que la persona sea libre, y, como dice el mismo Ignacio, esté en la actitud de sólo desear y elegir aquello que conduzca al fin para el que hemos sido creados. Es decir, personas con gran libertad, que es el objetivo a lograr con el proceso de los Ejercicios Espirituales que propone Ignacio.

Termino con una cita de Paulo VI (EN 41):

“El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan es porque dan testimonio… Será sobre todo mediante su conducta, mediante su vida, como la Iglesia evangelizará el mundo, es decir, mediante el testimonio vivido con fidelidad a Jesucristo, de pobreza y despego de los bienes materiales, de libertad frente a los poderes del mundo, en una palabra de santidad”.

TAREA

  1. Contemplación. Recorrer el texto del evangelio. Sentir que he sido llamado y enviado. Contemplar lo que llevo conmigo a la misión: mi disposición y mi experiencia. Sacar alguna lección.
  2. Examinar. Revisar los cuatro pasos descritos y qué significan para mí. Llamados, enviados, con “poder”, “ligeros de equipaje”. ¿En dónde pongo mi confianza?

DEL EVANGELIO DE MARCOS  (6: 7‑13)

Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: « Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas. » Y les dijo: «Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta marchar de allí.  Si algún lugar no les recibe y no les escuchan, márchense de allí sacudiendo el polvo de la planta de sus pies, en testimonio contra ellos.» Los discípulos se fueron a predicar que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

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